ENGAÑADOS

EN EL INVERNADERO

TERCERA EDICIÓN

Contra las soluciones falsas al cambio climático

Soluciones Basadas En La Naturaleza

Las compensaciones forestales de carbono son desde hace tiempo una de las soluciones falsas preferidas para perpetuar el uso de combustibles fósiles, y es cada vez más común que la agricultura y los suelos entren en esquemas decompensaciones. Las compensaciones agrícolas y silvícolas son la base de las tales Soluciones basadas en la naturaleza (SBN) (ver Instrumentos de fijación de precio al carbono). En el contexto de la actual presión política para aumentar los mercados voluntarios de carbono para que las corporaciones y los gobiernos alcancen las tales “emisiones netas cero”, las compensaciones basadas en la tierra de los bosques y la agricultura están en el centro de atención. Sin duda, las emisiones que produce la agricultura y la silvicultura son gigantescas, pues se estima que representan un cuarto de las emisiones de gases de invernadero mundiales.[1]  Es posible reducir las emisiones y al mismo tiempo proteger las formas de sustento y la biodiversidad cambiando el modo en que cultivamos nuestro alimento y habitamos los bosques. Si bien la necesidad de cambiar nuestra relación con la tierra ha estado en el foco de atención en los últimos tiempos, lo cierto es que, desafortunadamente, hay muchas soluciones falsas que, si bien suenan agradables, vistas de cerca solo arraigan prácticas insostenibles e injustas.

Es muy atractiva la noción de que encontraremos soluciones cambiando el modo en que tratamos la tierra, los bosques y los suelos, pero es errónea la premisa básica que dice que los suelos y los árboles pueden almacenar el dióxido de carbono de los combustibles fósiles de manera infinita y permanente. El carbono es fundamental para los organismos vivos y para la composición mineral de nuestro planeta. Los ciclos de carbono que se dan entre los océanos, los suelos y la atmósfera mantienen un equilibro ancestral al que la vida se ha adaptado. En cambio, el carbono de los combustibles fósiles se mantiene en depósitos bajo tierra, aislado de la biosfera, hasta que se extrae y se quema. Cuando se libera en la biósfera, el equilibrio del ciclo del carbono se altera. Los combustibles fósiles quemados no pueden absorberse de manera infinita. Sin embargo, esta noción errónea es la base sobre la cual se asientan las soluciones falsas tales como las compensaciones del suelo, los bosques, la agricultura y la conservación, así como muchas otras soluciones falsas del sector de la tierra.

Los bosques en la tabla de cortar

Bosques

Las industrias forestales y madereras se han esforzado por difundir mitologías falsas con la finalidad de transmitir ideas sobre el clima y los bosques que respaldan su objetivo de expandir la tala lucrativa y el reemplazo de bosques naturales por plantaciones de árboles industriales. Primero que todo, estas industrias hacen todo lo posible para confundir y mezclar la distinción entre los bosques naturales y las plantaciones de árboles, que en realidad son monocultivos industriales sembrados en filas y usando químicos para cosechas de rotación corta (entre 5 y 20 años), y para maximizar las cosechas de madera. No obstante, estas plantaciones no solo fallan en ofrecer un hábitat que estimule la biodiversidad, sino que desplazan a los bosques nativos y perjudican a los pueblos y comunidades indígenas que dependen de los bosques diversos y en buena salud para sobrevivir.

A fin de reunir apoyo para las plantaciones de árboles industriales y la tala, la industria sostiene que los árboles jóvenes son mejores para secuestrar el dióxido de carbono que los árboles más viejos, con lo cual se promueve la abominable práctica de talar bosques primarios (cuya madera es la más valiosa) y reemplazarlos por plantaciones de rotación corta. No obstante, los bosques primarios almacenan más carbono en la madera y los suelos a través del ciclo de carbono activo que lo que almacenan las plantaciones de árboles. Las corporaciones sostienen que los bosques “necesitan” reducirse para mantenerse saludables, pero las prácticas de tala dañan los suelos, lastiman a los árboles y abren la puerta a plagas y patógenos. Además, capitalizando el miedo, afirman que los incendios pueden controlarse y eliminarse a través de la reducción y la tala, cuando en realidad las alteraciones que produce la tala generan condiciones favorables para los incendios. La industria sostiene también que el uso de madera en la construcción o en otros bienes durables debería recibir un subsidio por “secuestro de carbono”, tal como la quema de madera, que recibe subsidios como “energía renovable” (ver Bioenergía). Actualmente, incluso se promueve el uso de madera para producir “gas natural renovable”.

Por otra parte, hay investigadores desarrollando árboles modificados genéticamente que, según ellos, secuestrarán más carbono, proporcionarán más biomasa, serán más sencillos de refinar a combustibles líquidos y soportarán más adecuadamente las condiciones del cambio climático y las plantaciones industriales. No es posible prever las consecuencias de modificar los genes de los árboles con fines comerciales e industriales, pero las características de estos árboles manipulados genéticamente podrían contaminar los bosques naturales y perjudicar los ecosistemas y la biodiversidad. Ya se están llevando a cabo experimentos con árboles modificados genéticamente en varios lugares del mundo, entre ellos, Estados Unidos y Brasil. Las corporaciones sostienen que pueden crecer los árboles para las plantaciones más rápido y secuestrar más carbono pero, como se mencionó anteriormente, existen muchos problemas con las plantaciones. Se sabe muy poco sobre los riesgos de usar tecnología de modificación genética en uno de los ecosistemas actualmente más cruciales para la supervivencia del planeta.

Con el pretexto de que están proporcionando soluciones al cambio climático, las industrias que lucran con la tala de árboles se proponen crear una nueva y vasta demanda de madera. El aumento de la demanda de productos de madera es precisamente antitético a la meta de reducir la deforestación y la degradación forestal, y, por lo tanto, también se opone al objetivo de mitigar el cambio climático. Como si esto fuera poco, la industria afirma que puede usar “normas de certificación” para garantizar que la madera se coseche de manera sostenible, pero estas normas son absolutamente insuficientes. Cuando la escala de la demanda es insostenible por definición, las normas de certificación no pueden garantizar la sostenibilidad. Los bosques están desapareciendo rápidamente a causa de la tala excesiva, la demanda de tierra (especialmente para la ganadería), las consecuencias del cambio climático y la introducción de plagas y patógenos. Proteger y restaurar los bosques naturales exige que atendamos a las causas raíz de la deforestación en lugar de crear nuevas y vastas demandas de madera.

Agricultura, tierra y suelos

En la actualidad, siguen siendo los pueblos indígenas, los campesinos de pequeña escala y otros productores agrícolas que trabajan con la agroecología, principalmente mujeres, quienes proporcionan el alimento del 70% de las personas de todo el mundo utilizando menos del 25% de la tierra agrícola.[13] En este sentido, la agroecología representa una forma de resistencia a la agricultura industrial y corporativa. Sin embargo, desde la década de 1980, el sistema agrícola industrial capitalista está cada vez más en manos de solo unas pocas corporaciones multinacionales que controlan las semillas y los productos químicos, promueven la agricultura por contrato, que generan deudas, y hacen lobby para que las prácticas agrícolas industriales obtengan incentivos que les permitan incrementar sus ganancias, lo que exacerba la desigualdad mundial.

Los campesinos tradicionales pierden la vida y el sustento a causa de los esquemas de compensaciones de carbono

Nunca hubo tan pocos agricultores trabajando, lo cual es consecuencia de que la agricultura ahora se enfoca más en la tecnología y la automatización que en las personas y en el planeta. El aumento de las políticas climáticas vinculadas con la agricultura en la esfera nacional e internacional se sitúa dentro de, y son compatibles con, este marco de agricultura industrial basada en la explotación. La agroecología usa menos energía y menos insumos externos en general, mientras que se estima que entre el 44% y el 57% de todas emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la cadena de producción de alimentos industriales, que incluye la deforestación y la producción intensiva a escala industrial, el procesamiento, el envasado, la venta, el transporte, la refrigeración y los residuos, todo lo cual implica un enorme gasto energético.[2]

Las soluciones falsas incluyen propuestas como el almacenamiento de carbono en los suelos para “descender” y compensar el exceso de emisiones de gases de efecto invernadero de las corporaciones. El fomento de inversiones en la agricultura para, supuestamente, secuestrar más carbono, especialmente de fuentes privadas, requiere una mayor extensión de tierra, lo cual a su vez produce un mayor riesgo de acaparamiento de tierras de los pequeños agricultores y las comunidades que habitan en los bosques por parte de las corporaciones.[3] Las soluciones falsas procuran ejercer el control sobre la diversidad de las semillas dándoles derechos y patentes a corporaciones transnacionales y a otros cuyas prácticas irresponsables y mortíferas redujeron la biodiversidad, aumentaron el uso de agrotóxicos y expandieron la manipulación genética, todo lo cual ha culminado en el surgimiento de las malezas resistentes a los herbicidas y ha hecho que la supervivencia de la vida tal como la conocemos penda de un hilo.

La agricultura climáticamente inteligente, los programas de secuestro de suelos, las SBN, los pagos por servicios ambientales (PSA), y muchas otras derivaciones del tema se refieren a prácticas agrícolas y ganaderas que supuestamente mejoran el secuestro de carbono del suelo, reducen las emisiones y/o aumentan la biodiversidad. Estos programas pueden venderse como compensaciones de carbono en un sistema de comercio de carbono, o pueden permitir exenciones de impuestos dentro de un sistema de impuesto al carbono, lo cual les permite a las industrias contaminantes seguir contaminando. Las industrias del petróleo y el carbón afirman que reducen sus emisiones a través de inversiones en el agronegocio.

Por ejemplo, Royal Dutch Shell invierte en una unidad de SBN para comprar tierras y afirmar su neutralidad de carbono, además de vender créditos de carbono. La ganadería, la agroecología, la agricultura orgánica, la agroforestería y los “bosques urbanos” pueden incluirse en esquemas de compensaciones de cultivo de carbono.[4] El cultivo de carbono ubica a la agricultura en el mercado del carbono, lo cual promueve la privatización, la mercantilización y la venta de la naturaleza, las semillas, los suelos, los alimentos, las pasturas, el aire, los polinizadores, las granjas y los sistemas de conocimiento tradicional y los convierte en esquemas de ganancia para las industrias contaminantes.

Las propuestas transgénicas para enfrentar el impacto climático de la agricultura están bajo el dominio y propiedad de un puñado de megaconglomerados de corporaciones que llevan a cabo una concentración del control sobre nuestros sistemas alimentarios, lo que les permite reclamar derechos de propiedad intelectual sobre las semillas, los fertilizantes, la genética y los medicamentos del ganado, la maquinaria agrícola y muchas cosas más. Las prácticas agrícolas diversas, adaptadas a su entorno, controladas de manera local y comprometidas con el sustento de la vida han sido debilitadas y abandonadas en pos de una vasta producción industrial que produce unos pocos cultivos agrícolas controlados de manera centralizada. Las soluciones falsas para los impactos climáticos de la agricultura están diseñadas para perpetuar la manera en estos megaconglomerados agrícolas habitualmente hacen negocios. Las corporaciones sostienen que las variedades de cultivos transgénicos resistentes a pesticidas como el glifosato, a plagas y enfermedades reducen las emisiones porque requieren usar menos maquinaria de labranza y provocan menos perturbaciones en el suelo. Las empresas como Monsanto/Bayer, Dow, BASF y Syngenta, entre otras, están desarrollando variedades de cultivos “favorables al clima” que toleran salinidades altas, sequías y extremos de temperaturas. Pero a la final, todos estos desarrollos están diseñados para perpetuar el modelo de agricultura industrial que es, en sí mismo, la raíz del problema. 

El biochar se produce a través de un proceso llamado pirólisis, mediante el cual se quema la biomasa y se entierra el carbón rico en carbono en los suelos. Mientras que la biomasa se produce quemando árboles, ningún esquema de biochar aborda el impacto de la deforestación, la recolección y la quema de madera destinadas a producir, precisamente, biochar. Los estudios científicos sobre el biochar no arrojan resultados concluyentes: a veces aumentan el carbono del suelo y a veces lo disminuyen. Esto sucede debido a que es muy poco frecuente que los cálculos incluyan la recolección y la quema de la madera. Además, los estudios pueden cambiar con el transcurso del tiempo, pues reflejan la variabilidad del biochar, los suelos y el medioambiente.

El metano que emite el ganado es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero.[6] Para controlar las emisiones de metano, se les aconseja a los ganaderos cambiar la alimentación de las vacas y las prácticas de gestión de estiércol, y sacrificar a los animales a una edad menor, entre otras cosas. Pero esto no resuelve el problema central, que es el aumento vasto y acelerado de la demanda de carne, a un precio artificialmente barato. Además, las operaciones concentradas de alimentación animal (OCAAs), en las que los animales se crían dentro de estructuras de confinamiento en condiciones de hacinamiento inhumanas, han aumentado desde la década de 1990, lo cual produce problemas para la tierra y deudas para los granjeros (ver Gas natural). Existen iniciativas para ampliar los programas de compensaciones actuales para el gas metano producido en granjas industriales de las OCAAs y otras prácticas de cría de animales intensiva en esquemas de comercio de carbono. La captura de metano se vende como compensación para permitir que las corporaciones de combustibles fósiles sigan contaminando, aún si el metano se quema como combustible.

Extracción de fibra de la planta del fique en Colombia.

Biofuelwatch:
biofuelwatch.org.uk

Global Justice Ecology Project:
globaljusticeecology.org

Indigenous Environmental Network:
ienearth.org, co2colonialism.org

La Via Campesina:
viacampesina.org

Nota da Vía Campesina 

Para los campesinos, los pueblos indígenas y muchas más comunidades, la agroecología y la soberanía alimentaria ofrecen un enorme potencial para reducir las emisiones y alcanzar la justicia social. La agroecología y la soberanía alimentaria son visiones sociales, políticas y ecológicas que reúnen múltiples grupos dentro de un único movimiento con el objetivo de desafiar el tipo habitual de negocios, forjar vínculos con la naturaleza y defender los sistemas de control compartido y acceso a las necesidades de la vida.

Como campesinos y pueblos que trabajan la tierra, nuestros suelos, animales, semillas y cultivos forman parte de nuestra familia. Para nosotros, son preciosos y no pueden comercializarse. Cuando hablamos de salud del suelo, no solo nos referimos a su capacidad de secuestro de carbono, sino también a todo el sistema interdependiente que da vida: los microorganismos, los hongos, los minerales, la materia orgánica vegetal, el agua, la luz del sol. Los suelos saludables le dan vida a los humanos y a todos los organismos que nos son humanos y forman parte de nuestros territorios. Cuando hablamos de animales y ganado, reconocemos en primer lugar que son parte integral de nuestros ecosistemas. Nuestros animales fomentan la permanencia de las tierras de pastura, la diversidad animal y vegetal. También nos ayudan a cuidar la salud del suelo. Estas contribuciones son importantes para combatir la crisis climática. Nuestros sistemas de cría de animales y ganado no tienen la culpa de la crisis climática, la responsable es la agricultura industrial de gran escala y grandes insumos, y tenemos que vencerla; y cuando hablamos de las semillas, sabemos que, como primer eslabón en la red alimentaria, tenemos la responsabilidad de cuidarlas, ahorrarlas, usarlas, intercambiarlas y compartirlas para que puedan desempeñar su papel en la red de la vida.

Los campesinos y los pueblos indígenas han contribuido a la humanidad con 2,1 millones de variedades de 7000 especies de plantas domesticadas. Los criadores comerciales solo se dedican al cultivo de 137 especies, de las cuales solo 16 componen el 86% de la producción mundial de alimentos.[7] Es necesario enfocarnos en la biodiversidad para construir la resiliencia que necesitamos para combatir la crisis climática.

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