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EN EL INVERNADERO

TERCERA EDICIÓN

Contra las soluciones falsas al cambio climático

Captura De Carbono

Hace poco hubo un giro de las grandes inversiones hacia las técnicas de geoingeniería climática para eliminar y almacenar el (CO2). La captura de carbono es la base del mito de que el dióxido de carbono puede succionarse de la contaminación o directamente del aire y almacenarse, y este procedimiento está proponiéndose como solución mágica para la crisis climática. En la primera sección, se describen los tipos de captura de carbono y sus deficiencias, y en la segunda sección se repasan los argumentos clave contra la captura de carbono.

La captura de carbono toma diversas formas

La captura y almacenamiento de carbono (CAC) suele ser un término general para la captura de carbono, y ha generado una serie de tecnologías para capturar las emisiones de CO2 de las instalaciones de gas natural, plantas fertilizadoras, refinerías de etanol y centrales eléctricas de carbón (en ocasiones denominadas como “carbón limpio”). El CO2 luego se comprime en forma líquida y se transporta para almacenarlo en formaciones geológicas subterráneas.

A menudo se hace mención de la CAC al hablar de la recuperación mejorada de petróleo (RMP). Esta es una tecnología más vieja que usan las industrias del petróleo y el gas, que consiste en inyectar CO2 en depósitos subterráneos de petróleo o gas a fin de extraer más petróleo y más gas. Los grupos industriales sostienen que usar el CO2 capturado de instalaciones industriales o de la atmósfera constituye una solución climática, pues el CO2 se almacena bajo tierra.[1] Sin embargo, la meta es extraer más combustibles fósiles. Tanto la CAC como la RMP son muy rentables para las industrias extractivas en Estados Unidos debido al crédito fiscal 45Q.[2] Además, las corporaciones pueden venderles a otras empresas el CO2 para que lo usen en la RMP y lucrarse con ello. Por otra parte, la CAC tiene un enorme valor en términos de relaciones públicas para las industrias de combustible fósil. 

La captura, uso y almacenamiento de carbono (CUAC) se refiere a una variedad de tecnologías que aún están en etapa de investigación y no han sido probadas. Estas técnicas se basan en la idea de que el CO2 podría convertirse en un nuevo producto almacenado en productos manufacturados como el cemento y el plástico. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta si el CO2 queda almacenado de manera permanente cuando los materiales se descomponen, de modo que la permanencia de esta técnica está en duda. La posibilidad de almacenar CO2 en materiales como el plástico no solo sería un incentivo para las destructivas industrias del petróleo y el gas en muchos sentidos, sino que además contribuiría a la crisis de la contaminación de los plásticos.

Un gráfico de engaños.Ver también: errores de cálculo, negacionismo

La bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS) es el cuestionable concepto de quemar pellets de madera para capturar las emisiones de CO2, lo que recibe el nombre engañoso de “tecnología de emisión negativa” (verBioenergía). 

La captura directa del aire (CDA) es un concepto en gran medida teórico que propone eliminar el CO2 directamente de la atmósfera usando medios químicos y mecánicos. Para hacerlo sería necesario utilizar máquinas de captura de carbono a gran escala que gastan cantidades enormes de energía y recursos, y quedaría por resolver el problema de dónde almacenar el carbono capturado.[3]

Todas estas variaciones de la captura de carbono no son más que formas de permitir que la extracción y la combustión de combustibles fósiles continúe sin interrupciones y siga afectando negativamente a las comunidades que promueven la justicia ambiental, destruyendo la biodiversidad y provocando el cambio climático.

La captura de carbono nunca será una solución real 

Fondos públicos para ganancias privadas: Han pasado décadas y la promesa de la captura de carbono no ha logrado materializarse. No obstante, los gobiernos siguen dedicando más fondos públicos a la investigación y desarrollo de estas tecnologías, cuando en cambio podrían destinarlos a financiar las energías renovables y la transición justa desde las comunidades. En definitiva, es el sector privado el que se beneficia de estos fondos públicos. Por ejemplo, en Estados Unidos, el segundo paquete de incentivos por el COVID-19 amplió el crédito fiscal 45Q para las empresas que capturan carbono e incluyó dos mil millones de dólares para financiar seis proyectos de captura de carbono: cuatro de ellos para RMP y los otros para financiar una acería y una cementera.[4]

Penalización energética: La captura de emisiones de CO2 es un desafío técnico y requiere el uso de grandes cantidades de energía, lo que significa que una central eléctrica, de carbón o de gas va a quemar más combustible para producir la misma cantidad de energía. Es decir: más minería, más fracking, más deforestación para obtener biomasa, más de las variadas formas de contaminación provenientes de centrales eléctricas (dióxido de nitrógeno, dióxido de sulfuro, partículas en suspensión, mercurio, etc.) y más daño social y ambiental a causa de la extracción. Todo esto sin producir una gota más de energía.

Demanda de infraestructura: Una vez que se captura, el carbono debe presurizarse y transportarse a través de tuberías hacia las ubicaciones donde se deposita en pozos o formaciones geológicas subterráneas para su (no demostrado) almacenamiento. Para esto, sería necesario contar con una enorme infraestructura.

La captura de carbono es una herramienta poderosa para capturar fondos públicos de la nada y almacenarlos de manera segura en las cuentas bancarias de las corporaciones

Demanda de infraestructura: Una vez que se captura, el carbono debe presurizarse y transportarse a través de tuberías hacia las ubicaciones donde se deposita en pozos o formaciones geológicas subterráneas para su (no demostrado) almacenamiento. Para esto, sería necesario contar con una enorme infraestructura.

Efectividad del almacenamiento no comprobada: No hay ninguna base sólida para asumir que el CO2 inyectado bajo tierra se quedará allí. Cuando se usa CO2 para la RMP, se asume que una parte permanecerá bajo tierra, mientras el resto regresará a la superficie en solución con el petróleo. En teoría, ese CO2 podría separarse del petróleo y volver a inyectarse en la tierra. 

Hay pozos de petróleo descubiertos y abandonados a lo largo y a lo ancho de todo el mundo que producen filtraciones de varios gases. Cuando el CO2 se deposita en estos pozos, que a menudo no están aislados entre sí bajo tierra, pueden ocurrir pérdidas en aberturas adyacentes de maneras imprevisibles. 

Luego de la inyección de CO2 para RMP en el yacimiento petrolífero Salt Creek en Wyoming se hallaron filtraciones de CO2 en varios lugares. En 2016, hubo que cerrar una escuela que estaba cerca del yacimiento porque se produjo una filtración de CO2 y otros gases tóxicos.[5] Cuando se concentra, el CO2 es letal. Una liberación catastrófica no solo podría afectar el clima, sino que podría resultar mortal. Pero numerosas filtraciones pequeñas de pozos y otras infraestructuras también podrían provocar desastres. En los sitios de inyección se exigen muy pocos controles. ExxonMobil y otras petroleras han hecho lobby de manera persistente para asegurarse de que los requerimientos de control sean, en el mejor de los casos, mínimos. 

El mito de la captura de carbono ha permitido que las industrias de combustible fósil sigan produciendo emisiones y contaminación a pesar de las consecuencias nefastas sobre el clima, el medioambiente y la justicia ambiental.

Biofuelwatch: biofuelwatch.org.uk

ETC Group: etcgroup.org

Indigenous Environmental Network: ienearth.org, co2colonialism.org

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