ENGAÑADOS

EN EL INVERNADERO

TERCERA EDICIÓN

Contra las soluciones falsas al cambio climático

Introducción

En la última década, y desde la última edición de esta publicación, hemos visto un aumento masivo en el activismo para hacer frente a la crisis climática. La resistencia de los pueblos indígenas ante los proyectos industriales destructivos —que consiste en acciones tales como detener gasoductos y oleoductos y obstruir megarrepresas— ha estado creciendo en todo el mundo. Los jóvenes se han movilizado contra la falta de acción de los gobiernos, mientras que los agricultores han unido fuerzas para detener políticas que favorecen a las corporaciones contaminantes. Hoy más que nunca, el centro de gravedad de los movimientos por el clima ha virado hacia una perspectiva basada en la justicia climática, en la cual no distinguimos entre la guerra global contra la biodiversidad emprendida por la avidez de las corporaciones y las guerras contra las culturas, las cosmologías, las comunidades y los cuerpos de la gente oprimida en todo el mundo.

Cuando el problema se enmarca bajo la premisa de la justicia climática, la crisis climática deja de reducirse al simple hecho de contabilizar carbono. Los movimientos de base liderados por las comunidades de todo el mundo proponen una mirada transversal sobre la economía —sobre la explotación de la tierra, del trabajo y los sistemas vivientes, la erosión de las semillas, el suelo, la historia y el espíritu— y buscan promover soluciones verdaderas a nuestro alrededor todos los días en diversas fuentes: desde el Conocimiento Tradicional Indígena, la soberanía alimentaria, la desmercantilización de la tierra, la vivienda y la atención médica, hasta la abolición del complejo militar industrial que pretende extraer hasta la última de gota de combustible fósil de la Madre Tierra. [1] También en la transición justa y la democracia energética, que procuran impulsar energías democratizadas, descentralizadas, no tóxicas y descarbonizadas para alimentar nuestra vida, y en la justicia transformativa, con la cual respondemos al trauma y la violencia con compasión y sanación – sin policía, sin castigos, sin prisiones.

La justicia climática surgió en los movimientos de base en todo el mundo, en las luchas por la justicia ambiental de las comunidades indígenas, negras, latinas, asiáticas, de las Islas del Pacífico, de comunidades pobres y migrantes, y del liderazgo de mujeres y personas de género no binario; es decir, entre todas las comunidades y las personas que padecieron en primer lugar el impacto más fuerte de las tormentas, las inundaciones, el aumento del nivel del mar, los incendios forestales, las sequías y el hielo que se derrite en las regiones árticas. Estas comunidades también tuvieron que soportar los embates de la contaminación, la pobreza, la violencia policial y la criminalización de los defensores del Cielo y la Tierra a causa de la economía extractivista y colonial que impulsa el caos climático. Como tal, la justicia climática se enfoca en el liderazgo situado de los pueblos que poseen los conocimientos más antiguos sobre los sistemas ecológicos naturales de la Tierra, y en la comprensión de que el Conocimiento Tradicional Indígena, junto con el conocimiento ecológico local, son claves para elaborar una estrategia a largo plazo que permita hacer frente a los temblores, desprendimientos, pandemias y turbulencias que nos esperan en el futuro.

La justicia climática se enfoca en el trabajo organizativo, las acciones directas, así como en la toma de decisiones de forma comunitaria por parte de las personas en la primera línea de la crisis, que a su vez son quienes encabezan el cambio. Se trata, en esencia, de grupos de personas cuyas iniciativas se organizan a partir de principios compartidos y una visión común, cuya finalidad es recomponer nuestra relación con la Tierra y con los otros, así como adoptar relaciones que promuevan una cosmovisión descolonizada basada en el respeto, la reciprocidad, la mutualidad y la solidaridad de manera transversal en todas las comunidades, con el resto de los seres vivos del mundo y con la Madre Tierra.

La justicia climática se enfoca en el trabajo organizativo, las acciones directas, así como en la toma de decisiones de forma comunitaria por parte de las personas en la primera línea de la crisis, que a su vez son quienes encabezan el cambio.

Al mismo tiempo que la justicia climática se está convirtiendo en una voz común para las necesidades de los sectores más vulnerables, observamos un crecimiento de la negación climática, las élites políticas autoritarias y los gobiernos patriarcales y supremacistas blancos por todo el mundo. Asimismo, estamos viendo un peligroso viraje hacia un capitalismo fuera de la ley, donde la ideología del libre mercado (el neoliberalismo) ha priva­tizado y atomizado todos los aspectos de la vida y de la naturaleza, y ha sofocado a la democracia para que las corporaciones globales y los Estados nacionales puedan hacer lo que quieran con una supervisión escasa o prácticamente nula y sin tener que asumir la responsabilidad por las prácticas poco éticas y el lucro ilimitado.

También estamos viendo una alarmante tendencia hacia la “política de la desesperanza” en algunos sectores del movimiento, donde el oportunista capitalismo del desastre, junto con la ceguera del reduccionismo del carbono, la financiarización de la naturaleza y un creciente utopismo tecnológico,
han fomentado la proliferación de esquemas falsos que se benefician económicamente del deterioro climático. Incluso el simbólico Acuerdo de París cele­brado en las Naciones Unidas en 2015 ha servido en gran medida para habilitar y promover una serie de estafas tecnológicas corporativas, mecanismos del mercado de carbono y de impuestos al carbono, que en los últimos años se plantearon falsamente como soluciones.

Asimismo, un sinnúmero de fondos filantrocapitalistas provenientes de sujetos como Bill Gates, Jeff Bezos y Elon Musk dedicaron miles de millones de dólares para hacer frente al cambio climático. Debido a que hay cada vez más programas de diversidad, equidad e inclusión, una parte de estos fondos se ha destinado a subvenciones de “equidad racial”. Sin embargo, si se observa con más atención, queda en evidencia que la mayor parte de estas inversiones termina en manos de una élite internacional de ONGs (cuyas arcas ya poseen miles de millones de dólares) para promover esquemas corporativos de medidas contra el cambio climático, a menudo a expensas de las comunidades indígenas y en primera línea.[2] Quien controle el capitalismo climático mundial también controlará la economía verde.[3]

Recorrer estas páginas será como entrar en la caja de Pandora de las soluciones climáticas falsas, que han sido diseñadas con la finalidad de lucrar con la crisis ecológica mundial. La mayoría de estas soluciones pueden caracterizarse como arreglos tecnológicos que no se han probado, tecnologías de emisiones negativas, instrumentos de fijación de precio al carbono, productos corporativos fraudulentos o proyectos de energía extrema. Todas ellas afirman hacerse cargo de la crisis climática, cuando en realidad ignoran cada uno de los factores subyacentes que nos llevaron a este desastre: las economías de la avidez y la acumulación, el crecimiento ilimitado, el cierre de las tierras por parte de las corporaciones, la erosión de la biodiversidad y la explotación de la vida.

Si bien algunas de estas propuestas de tono futurista (por ejemplo, instalar espejos en el espacio para reflejar la radiación del sol) pueden parecer creativas y visionarias, en realidad son exactamente lo contrario. Estos esquemas, por más mágicos que suenen, se basan en la idea ilusoria de que la innovación tecnológica servirá para “arreglar” lo que en realidad son los límites inherentes de una Tierra con recursos finitos. Por otra parte, reflejan una profunda falta de imaginación, una incapacidad para imaginar un mundo en el que podamos vivir en una “relación adecuada” con los ciclos naturales de la vida de los cuales dependemos.

Lo que todas estas falsas promesas tienen en común —además de que su seguridad y su eficacia no están probadas ni demostradas— es que surgen de una visión racista del mundo, basada en las doctrinas del descubrimiento y la conquista, una fe ciega en las políticas basadas en el mercado y las tecnologías corporativas, en las prácticas ideológicas de la privatización, la mercantilización y la explotación de la naturaleza, que ponen precio al cielo, los bosques, el agua, los océanos y los suelos, con el fin de crear nuevos mercados de derivados que aumentan la desigualdad y precipitan la destrucción de todas las formas de vida. Esta cultura arrogante de la avidez que actualmente domina, asume que la habilidad individual para el lucro puede suplantar la complejidad de los sistemas naturales de la Tierra que han sostenido a toda la vida en equilibrio y armonía durante tanto tiempo.

Esta visión del mundo recurre a las máquinas para darle sentido a la vida, cosifica a la Madre Tierra al igual que cosifica a las mujeres, se la trata como una máquina cuyas partes es posible reemplazar, rediseñar o construir, considera que el ADN puede editarse o eliminarse, que nuestro cuerpo es una máquina y el alimento es combustible, y en lugar de ver al mundo como un complejo de relaciones interdependientes hermosas y sagradas, lo considera una colección de objetos para monetizar y manipular. Esta visión del mundo defiende las prácticas de las corporaciones y los Estados-naciones basadas en la avidez, la acumulación, el robo y la propiedad privada, y pasa por encima de todos los valores de cuidado, consentimiento, compasión y responsabilidad colectiva.
Si queremos crear juntos los mejores caminos hacia la justicia climática para el futuro de todas las formas de vida e invertir en dichos caminos, debemos inocularnos contra estas dudosas y peligrosas promesas falsas que nos distraen del objetivo al que realmente deberíamos dedicarle nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestra energía: una transición desde las economías mundiales extractivistas hacia las economías locales, vivas y ancladas en valores comunes de reciprocidad, cuidado, dignidad, mutualidad, solidaridad y respeto por la integridad territorial, los principios creativos sagrados y las leyes naturales de la Madre Tierra y el Padre Cielo.

Para que estos caminos se alineen con una justicia más amplia, tenemos que reparar nuestras relaciones con todas las formas de vida y entre nosotros, a través de varias culturas y generaciones, comenzando por aquellas personas y ecosistemas que históricamente han sido los más perjudicados. Y, en este proceso, debemos transformar nuestras relaciones para que nunca jamás vuelva a provocarse tanto daño.

En sintonía con las profecías indígenas, un nuevo despertar sobre nuestra verdadera naturaleza humana se extiende a lo largo de las comunidades indígenas y no indígenas. Es necesario respetar esta relación inseparable entre los humanos y la Tierra por el bien de todas las formas de vida y las futuras generaciones. La Madre Tierra es la fuente de la vida, y es necesario protegerla como tal en lugar de explotarla y mercantilizarla como “capital natural”, como un “servicio de ecosistema” o como una “solución basada en la naturaleza”. Instamos a toda la humanidad a unir corazones, espíritus, mentes y cuerpos para transformar las estructuras sociales, las economías, las instituciones y las relaciones de poder que son la base de nuestra privación, opresión y explotación.

Tenemos solo una Madre Tierra y un Padre Cielo

Indigenous Climate Action: indigenousclimateaction.com

Indigenous Environmental Network: ienearth.org

Just Transition Alliance: jtalliance.org

Movement Generation: movementgeneration.org

CEGUERA DEL MERCADO

versus

CONCIENCIA ECOLÓGICA

Arreglos tecnológicos
a escala industrial

Administración y Conocimiento Tradicional Indígena

Gobierno en manos de élites
patriarcales con poder concentrado

Autonomía horizontal, democrática descentralizada y desde las bases

Análisis reduccionista, énfasis en factores individuales

Conciencia de Sistemas Holísticos que aborda las causas raíz

Sirve a mandatos capitalistas de mercados globales determinados por corporaciones transnacionales

Sirve a comunidades y ecosistemas, trasciende las fronteras coloniales y respeta el liderazgo local

Concentración de riqueza existente protegida contra los costos de adaptación y mitigación

Se propone fortalecer la capacidad y la autonomía locales

Se define por sistemas y prácticas
uniformes, monoculturales y mercantilizados

Se define por una diversidad de prácticas e ideas localizadas y descentralizadas

Financiada por ayudas económicas y políticas de incentivo
nacionales e internacionales

Se apoya en recursos y financiamiento locales provenientes de la ayuda
mutua y la economía solidaria

Se integra en los paradigmas coloniales de
crecimiento ilimitado, apropiación y explotación

Se alinea con objetivos de reparación,
redistribución y restauración

Enfoques no probados ni demostrados pero que cuentan con la aprobación oficial de
gobiernos en complicidad con corporaciones

Tiene sus raíces en el conocimiento
ecológico tradicional y milenario, y en
prácticas de eficacia regional comprobada

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