ENGAÑADOS

EN EL INVERNADERO

TERCERA EDICIÓN

Contra las soluciones falsas al cambio climático

Geoingeniería

La geoingeniería se refiere a un grupo de propuestas tecnológicas que buscan intervenir de manera deliberada en los sistemas de la Tierra y alterarlos a una escala monumental. En un intento desesperado y potencialmente catastrófico de revertir parte de los efectos del cambio climático, la geoingeniería busca cambiar el modo en que funciona el planeta. Para esto, se recurre a arreglos tecnológicos para implementar a escala planetaria. Las consecuencias que puedan producir estas modificaciones, ahora o en el futuro, no pueden predecirse ni probarse de manera confiable. La única manera de saber qué va a pasar es por medio de pruebas a escala, pero una vez iniciadas puede que sea demasiado tarde para dar marcha atrás. 

¿Quién está detrás de la geoingeniería?

La mayor propulsora de la crisis climática es la industria de los combustibles fósiles: las grandes empresas de petróleo, carbón y gas, se trata del mismo grupo de empresas que financió el negacionismo del cambio climático durante décadas y combatió cada intento de limitar la contaminación. La industria de los combustibles fósiles es una de las mayores financiadoras de la geoingeniería. Para las grandes petroleras, la geoingeniería es un modo de seguirse lucrando bajo la apariencia de que se está haciendo algo para afrontar la devastación climática que ellas mismas provocaron. Algunos de los hombres más ricos de la tierra, entre ellos Bill Gates y Jeff Bezos,
financian la geoingeniería.

Los espejos espaciales, un fiel reflejo de las soluciones falsas

Estos son algunos de los esquemas que se proponen:

Captura y almacenamiento de carbono (CAC)

La intención de la CAC consiste en ampliar la extracción y el consumo de los combustibles fósiles por medio del almacenamiento de emisiones de carbono bajo tierra. No se puede saber con seguridad si el carbono no va salir a la superficie (ver Captura de carbono). Una variación de este método es la captura, uso y almacenamiento de carbono (CUAC); mediante la cual el dióxido de carbono (CO2) se captura para ser usado como materia prima para la producción. Debido a que las emisiones están incluidas en los productos, de todas formas terminarán liberándose cuando estos se incineren o se descompongan. La CUAC ha ganado terreno considerable en las legislaciones energéticas recientes.

Fertilización de los océanos con hierro

Esto implica arrojar partículas de hierro sobre grandes superficies del océano para estimular el florecimiento del plancton, que supuestamente aumenta la cantidad de CO2 que absorben los océanos. Esto incrementa el riesgo de provocar la proliferación dañina de algas, que puede poner en riesgo la salud de los humanos y los animales marinos, al tiempo que trae consecuencias negativas para la pesca.

Gestión de la radiación solar (GRS)​

Las técnicas de GRS son intentos de reflejar la luz del sol hacia el espacio exterior. Hay una variedad de propuestas, como instalar bancos de espejos en la órbita de la Tierra, inyectar sulfatos en la estratósfera y modificar las nubes, las plantas o el hielo para desviar la luz del sol de la Tierra. Algunos de estos conceptos están ganando terreno en iniciativas para el clima financiadas por corporaciones, y están cerca de convertirse en experimentos de la vida real. Una vez se inicia la GRS, la suspensión de las operaciones podría producir un efecto de terminación mediante el cual las temperaturas aumentarían drásticamente y subir hasta temperaturas incluso mayores a las que se habrían alcanzado si no se hubiesen tomado estas medidas. La GRS no reduce las concentraciones de gases de efecto invernadero; en su lugar, encubre el efecto de manera temporal.

Este es un breve repaso de algunas de las propuestas de GRS: 

Inyección de aerosoles estratosféricos (IAE)

La IAE se basa en la inyección de partículas de dióxido de azufre, u otros materiales, en la estratósfera por medio de aviones u otros medios (que usan combustibles fósiles) para simular los efectos de una erupción volcánica.

Bill Gates quiere nublar los días de todo el mundo sin consentimiento

Microburbujas, microesferas, espuma de mar y otros materiales que modifican el albedo

Esta propuesta consiste en agregar microburbujas, microesferas o espuma en masas de agua y/o hielo (como el Ártico) para hacer más blanca la superficie y aumentar el albedo (la reflectividad). Según el material que se utilice, estas prácticas pueden tener efectos de contaminación química en el mar. Estas actividades también pueden tener consecuencias destructivas para las prácticas de subsistencia de las comunidades indígenas en el Ártico. Lanzar estos materiales a los océanos y a otras masas de agua, además de no atender las verdaderas causas del problema climático, podría interferir con la luz necesaria para la vida oceánica y reducir el oxígeno en las capas superiores del mar, lo cual afectaría negativamente la biodiversidad.

Con la geoingeniería podemos hacer que llueva cuando queramos

Modificación de la reflectividad de las nubes (MRN)

Esta técnica implica bombear agua salada o bacterias a las nubes para aumentar el volumen del vapor de agua, lo cual haría más blancas las nubes para que puedan reflejar más radiación solar y alejarla de los océanos y la tierra. Esto podría producir una reducción en las precipitaciones en algunos lugares del mundo (el Amazonas) y aumentar la escorrentía en otros (los trópicos). Es probable que la cantidad de lluvias en general se reduzca, lo cual obliga a preguntar: ¿Quién decide a quién le tocarán las sequías y a quién le tocarán las inundaciones? Por otra parte, siguen sin tenerse en cuenta las preguntas sobre el modo en que los sucesivos cambios meteorológicos exacerbarían los conflictos en un mundo donde el cambio climático ya está complicando la agricultura. Como todas las técnicas de GRS, la MRN no reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, tampoco apoya la transición hacia una democracia energética ni atiende las causas raíz del cambio climático.

Los derechos humanos debajo de la alfombra

La GRS no puede garantizar el derecho al Consentimiento Libre Previo e Informado (CLPI) de quienes serán afectados, derecho consagrado por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI), ampliamente apoyada por otras comunidades vulnerables, como los campesinos, los pequeños estados insulares y las comunidades en primera línea en el Norte y el Sur global. Estos derechos no pueden garantizarse porque cada comunidad y cada persona sentirá las consecuencias de la GRS. La enorme escala y la naturaleza transfronteriza de la GRS hacen que el CLPI sea imposible de respetar y que el control gubernamental sea inviable. Y puesto que algunos países, como los Estados Unidos, pueden elegir emprender estas operaciones por si solos y avanzar con proyectos de geoingeniería que afectarían al planeta entero, la geoingeniería es inherentemente antidemocrática e incontrolable. Debido a que estos esquemas deben mantenerse durante períodos sumamente largos, con consecuencias que se manifestarían durante generaciones, estas propuestas asumen que las estructuras gubernamentales y económicas se mantendrán estables durante los próximos 100 años o más, lo cual es francamente una premisa tan peligrosa como absurda.

“Esa no es la Tierra... ¡Son las grandes empresas convirtiendo el planeta en una máquina para cubrir los efectos de la contaminación!”

Las comunidades en primera línea cargan con el peso
La premisa detrás de las técnicas de GRS es que no podemos, o no queremos, cortar las emisiones de gases de efecto invernadero y poner fin a las injusticias que producen, desde la extracción de combustibles fósiles hasta las centrales eléctricas que funcionan a base carbón o de gas, las refinerías, los oleoductos y gasoductos, y la minería de remoción de cima de montaña. Los promotores de la geoingeniería sostienen que se están preparando para el peor escenario posible. Pero las comunidades en primera línea en todo el mundo ya están afrontando el peor escenario posibles, pues la industria y el capital son más importantes que el derecho al aire limpio, al agua limpia, al suelo saludable, a los derechos humanos y a la justicia. 

¿Soluciones reales o conservación del statu quo? 
Los geoingenieros sostienen que son “verdaderos creyentes” del cambio climático, pero parecen más preocupados por la conservación del statu quo y la creación de mercados nuevos para sus tecnologías que la promoción de soluciones reales. El tiempo, el dinero, la energía y la voluntad política que invierten en promover experimentos peligrosos y especulativos de geoingeniería son recursos que estarían mucho mejor utilizados si se destinaran a una transición justa hacia la democracia energética, la economía regenerativa y una poderosa acción comunitaria.

Sabemos que tenemos que enfrentar la crisis climática. Necesitamos una transición justa hacia una economía regenerativa que se base en las energías renovables y sostenibles, la agroecología, el cero desperdicio, la protección de ecosistemas, la soberanía indígena, los derechos humanos y la equidad social; y tenemos que dejar los combustibles fósiles bajo tierra. La crisis y la urgencia son reales, pero la urgencia no justifica usar mecanismos falsos como la geoingeniería. ¡No disponemos del tiempo ni los recursos para despilfarrar en distracciones que solo producen muerte! Si bien esto aplica a todas las soluciones falsas en esta publicación, la geoingeniería produce el riesgo adicional de que la experimentación irresponsable podría producir consecuencias terroríficas inesperadas.

Quienes promueven la geoingeniería pretenden exponer a experimentos peligrosos a las comunidades de todo el mundo. Por ejemplo, los pueblos indígenas de Alaska se encuentran bajo la amenaza de un experimento sobre sus tierras que cubriría el hielo de los mares con microburbujas de vidrio que desviarían el reflejo del sol como parte del Proyecto de Hielo del Ártico.[1] De manera similar, los pescadores de Chile se encontraron con que las aguas de las cuales dependen están amenazadas por el plan de un experimento de fertilización con hierro por parte de la empresa Oceaneos Environmental Solutions, Inc., que supuestamente estimularía el crecimiento del fitoplancton para secuestrar CO2.[2] No se sabe mucho sobre el impacto ecológico de este tipo de experimentos, que podrían traer consecuencias nefastas a largo plazo.

La geoingeniería representa una amenaza potencialmente catastrófica para los derechos humanos y el medioambiente, y aún así no aborda las causas raíz del cambio climático. En este sentido, es quizás el epítome de las soluciones falsas.

Climate Justice Alliance:
climatejusticealliance.org
ETC Group:
etcgroup.org
Geoengineering Monitor:
geoengineeringmonitor.org
Indigenous Environmental Network:
ienearth.org

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